Diciembre siempre me ha parecido un mes lleno de emociones diversas y complejas. Donde se extienden grandes expectativas sobre el deber ser en esas fechas y donde suelo sentirme en un NO lugar. Desde que soy mamá el 24 de diciembre es una fecha cooptada por la familia del papá de mi hija, y esto lo agradezco. Ellos cumplen con los rituales establecidos, se reúnen, se celebran, se regalan, se abrazan y por supuesto, esperan a la cena de medianoche. Para mí, es un día sin pena