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CIEN AÑOS DE SOLEDAD Y MIS RECUERDOS

Foto del escritor: María Osorio GómezMaría Osorio Gómez

Actualizado: 2 ene

He pensado en esta serie desde que empezaron los rumores de su producción, y al sentarme a verla con mi hermana lo primero que me dije fue "el lenguaje literario es uno y el cine, o en este caso la serie, tiene necesariamente otro lenguaje". Sin embargo, no pude dejar de pensar en mi lectura de Cien años de Soledad escrita por Gabriel García Márquez.

Tomada de infobae
Tomada de infobae

Estaba en grado décimo, la lectura ya hacia parte de mi vida. No era un hábito, era mi refugio, mi apañe y mi escape. Al iniciar el año escolar llegó un nuevo profesor de español. Era joven, siempre vestía de negro y su cabello era más largo de lo acostumbrado para un docente. Amaba esa clase. Un día el puso una lista de libros en el tablero, y nos pidió que eligiéramos uno, debíamos leerlo, hacer un escrito y una exposición de la obra. Recuerdo el tablero, los nombres escritos con marcador negro. La idea era no repetir, sé que tome nota de todos, pero sólo recuerdo la lectura de dos de ellos; el mío: Cien años de Soledad y Qué viva la música de Andrés Caicedo -ese lo había escogido una niña que me caía mal, y estaba dispuesta a arruinar su exposición-. Sé que fue una actitud muy egoísta y mezquina, que repetí en varias ocasiones; quizá algún día la vida me dé la oportunidad de decir: lo siento, fui una idiota.


Bueno, pero continuando con la lectura de Cien años de soledad. Estaba por cumplir quince años, y en casa habían decidido que iríamos a visitar a un tío y su familia que vivía en Santa Marta. Seguramente, una quinceañera estaría feliz de ir al mar. A mí, nada me impresionaba, sólo imaginaba leer a García Márquez a la orilla del mar y poder contarle a mi profesor de español. Sin embargo, en esa familia no era muy bien visto el hábito de leer y a pesar de ser un trabajo del colegio, tuve que leer como si fuera un delito, a escondidas a ratos y con miedo a ser descubierta.


Un día, fuimos a la playa. Me senté a leer a la sombra de un toldo. Estaba absorta, cuando vi caer arena en las páginas que leía. La risa de todos y mi cabello como un nido de tortugas, sabía que si lloraba sería peor. Así que abandone el libro, y me metí al mar. Estuve ahí, sin ser, sin sentir. Seguramente si hubiera leído a Alfonsina en ese tiempo, le hubiera dado palabras a lo que sentía.


Recuerdo que uno de los personajes que más me desagradó fue el Coronel Aureliano Buendía.


Aquí regreso al presente, tuve que esperar a mi hermana para ver la serie. Acordamos verla juntas. El primer capítulo se me hizo, largo y un poco tedioso, con ella determinamos que era por el acento de José Arcadio. Sí, le puede parecer absurdo, pero así fue. Continuamos viendo la serie, eran más grandes las expectativas.


En el Capítulo 3: "Un daguerrotipo de Dios" aparece Eréndira y su abuela, personajes de un cuento de Gabriel García Márquez, La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada". Me sorprendió mucho la aparición de Eréndira, -no la recordaba en la novela-, una niña prostituida por su abuela. Aureliano Buendía quien comparte escena con ella se niega a tener sexo, escuchando la historia de Eréndira y paga por una noche de descanso. Llegue a pensar en qué era un recurso para hacer quedar bien a Aureliano.


Desde el inicio se nos presentan las relaciones incestuosas de manera muy normal, a pesar de las predicciones de la madre de Úrsula. Pero, Aureliano, el coronel, no es incestuoso, es pedófilo. En la novela, después de rechazar a Eréndira y pasar una noche de insomnio por ello, decide que se va a casar con ella, pero tarda mucho en tomar la decisión y cuando llega al bar, la abuela y la nieta se han ido.

Tiempo después, don Apolinar Moscote, Corregidor, llega a Macondo. Después de ser expulsado por José Arcadio, regresa con su esposa y sus siete hijas. Remedios Moscote, la menor de ellas, tiene nueve años, cuando Aureliano la conoce, él ya es un adulto. En la serie esto se hila tan finamente, que no causa mayor escandalo ni estupor.


Quizá sea esto una de las cosas mejor logradas en esta serie, hacer que temas tan dolorosos, tabú o rechazados por la sociedad, se establezcan como bellos y posibles de soportar. Aunque a mí me duelan, me fastidien y me cuestionen tanto. Cómo lo aceptan, cómo lo permiten. Ella una niña, que juega con muñecas. Él un hombre que espera pacientemente que su primera menstruación se presente para poder casarse con ella.


 
 
 

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