CRÓNICA DE LANZAMIENTO EN MODO PIÑATA
- María Osorio Gómez
- 15 dic 2024
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 16 dic 2024
Por fin llegaron las vacaciones, ese momento donde la gente suele hacer cosas que su trabajo diario no le permite hacer, donde juega, ríe, cocina y paseo o bueno, al menos eso publica en redes. En casa llevamos algunos días en vacaciones, pero no hemos salido mucho, seguimos cocinando lo mismo y jugamos sin prisa.
Mi hija tiene nueve años, así que pienso todos los días, debería salir con ella, llevarla al parque a que conozca el mundo más allá del colegio y del apartamento. Pero, siempre me encuentro poniendo un, pero, y más ahora, que un silbido en el pecho me hace eco al respirar. Soy un carro viejo que siempre va en descenso.

El sábado, por fin tomo la decisión de salir con ella. Pero, no quiero ir a un centro comercial ni al parque, así que busco la programación cultural de la ciudad y descubro que en Ala de Colibrí se hará el lanzamiento de un libro. Así que ahí está, mi perfecto plan de un sábado en la tarde.
Al salir de la casa, compramos algo dulce, mi hija pide un bombón que viene con un polvo acido. Mi esposo una chocolatina y yo una nucita, como si me estuviera adelantando en el tiempo y adivinara la temática del evento. En el bus, mi hija me mostró que su dedo índice se había puesto verde. Me reí mucho y le dije: si alguien te pregunta, di que te estabas convirtiendo en el Grinch y que por eso te obligamos a salir hoy, para que socializaras con el mundo. Nos reímos mucho.
Al llegar a Ala, olvidé a mi hija. El lugar estaba decorado como si fuera una fiesta infantil, pero esa de los años 90 o principios de los 2000. Es decir, tenía banderines, dulces (barriletes, galletas y sapitos de chocolate), en algún lugar había una canasta de picnic y sólo faltaba la típica canción “rompe, rompe la piñata, que la rompa Pedrito, nooo”.
Empecé a revisar libros, mientras las personas iban llegando. Al sentarme descubrí una tarjetita, con ilustraciones de Xueilustra con una pregunta ¿Cuál es tu recuerdo de infancia? Al empezar Laura, la ilustradora y gestora del libro Ibagué contada a través de los ojos de la infancia, nos pidió responder la pregunta, ya fuera con un dibujo o una narración corta. Mi hija me dijo, pero yo estoy en la infancia, qué voy a poner. No sé, algo que quieras recordar siempre. Y me ocupe de mi recuerdo.

¿Qué pondría? La infancia es un tiempo que evito visitar, muchos consideran su infancia un jardín, quizá olvide muchos años ese jardín y ahora es casi una selva inhóspita llena de sombras, humedad, púas y animales extraños. Mi hija me presiona, así que dibujo la ciudad, un cielo gris, muchos edificios, carros, ventanas y puertas cerradas, algunas personas en forma de sobra y unos ojos de niña. Al ver el dibujo de mi hija descubro un libro gigante y un dedo, con el título mi dedo verde.

Laura empieza a contar que el libro es producto de una beca creación narrativa gráfica, donde tuvo menos de un mes para completar la tarea. Ella empieza a jugar con las y los asistentes, nos da premios y poco a poco nos cuenta la travesía vivida para gestar el libro. Un libro, que aún no se ve, que no se puede palpar. Laura es detallista y metódica, lo descubro por la manera como nos explica su trabajo, las historias que ha ido hilando con sus dibujos y su afán de hacernos recordar una infancia, más como un ejercicio de memoria de ciudad, que como un mero recuerdo lleno de anhelo.
Nos explica que el rosa es el color de la infancia, es delicado, compasivo, vulnerable, lleno de juego, de amor, de ternura y nos recuerda algo preciado y tranquilo. El color negro será el poder. Es así como a partir de estos dos colores realiza una cartografía de la ciudad de Ibagué, donde ocho voces le permiten tender los puentes, las viñetas y los colores para reconstruir ese pueblo que con los años se ha convertido en ciudad y parece olvidar su pasado, es decir su infancia.
Mientras ella habla, juega y dibuja, yo voy tomando apuntes en las tarjetas que nos dio. Intento agarrar cada una de sus palabras, su idea de memoria histórica, de promoción de lectura a partir de la oralidad me encanta. Me molesta no haber llevado una grabadora de voz. (Mientras escribo estas palabras recuerdo que el celular tiene esa opción y me rio de lo pelota que soy).

Dos voces de su libro, decidieron acompañar el lanzamiento, y contaron sus historias. No sólo viví sus recuerdos, sino que recordé los propios. La primera vez que fui a cine, por ejemplo. En la escuela donde estudiaba, tal vez cuarto o quinto, nos regalaron unas boletas para ir a ver el Rey León. Mi mamá me llevó, recuerdo que fue lejos de casa y no comimos palomitas. Pero, estaba en cine, con mi mamá y fue maravilloso recordarlo.
Me gane unos sellos. Fui muy feliz, nunca había tenido una bolsita de piñata para mí. Es decir, en mi infancia las piñatas no existían. Así que esa niña que vive en el jardín convertido en selva, asomo un brazo y salto feliz por su bolsa de Minie Mouse con sellitos dentro. Si la idea de Laura era regresarnos a nuestra infancia, hacernos sentir la niñez otra vez, lo logro, casi hasta las lágrimas.
Para completar la obra gráfica, el libro tiene un QR que te lleva a la voz de sus protagonistas, es decir, un registro sonoro para un país sin memoria. Ahí recordé a mi hija, pensé estará aburrida, así que le pregunté. Su respuesta fue un rotundo no. Perfecto, podría dejarla de nuevo y concentrarme. Empecé a mirar por todos lados, pero no veía los libros. Lo quería, claro que sí. Aún lo quiero. Laura nos explicó que la técnica de impresión que había elegido para su trabajo era la risografía, y yo ahhh (con boca abierta y todo). Ella nos explico en qué consiste el proceso, es algo así como una impresión que se da por medio de tambores, y genera unos puntitos. Además, permite la impresión en tonos magentas y otras cosas que no alcance a escribir. Pues mi cabeza estaba pensando en puntillismo infinito. Método de impresión que no se hace en la ciudad de Ibagué, así que lo imprimió en Taller Colmillo, pero, no alcanzó a llegar para el lanzamiento.

Olvide contar que teníamos acompañamiento musical. Sebastián Oviedo con su guitarra amenizaba la piñata. Al finalizar el evento nos regalaron una serenata ilustrada. Sebastián cantaba y Laura dibujaba en tiempo real. Fue hermoso, mi hija vigilaba atentamente cada uno de los trazos de Laura.
Quedamos con la promesa de recibir el libro, ellas con el compromiso y nuestros datos para informarnos sobre su llegada a la ciudad. Yo pensaba en Las Áxidas, en hacer una entrevista, en escucharla en radio, en hacer colaboraciones y en definitiva hacer promoción de lectura y reconstrucción de la memoria histórica.
Gracias a Andrea y su equipo de Ala de Colibrí por brindarnos estos bellos espacios e impedir que mi hija y yo seamos unas Grinch, acomodadas en casa.
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