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PARA QUÉ EL CUIDADO, SI LUCHO PARA SOBREVIVIR

  • Foto del escritor: María Osorio Gómez
    María Osorio Gómez
  • 22 ene
  • 3 Min. de lectura

Atiborrada de flores. Óleo sobre lino. 150 x 150 cm. 2024 Ale Casanova
Atiborrada de flores. Óleo sobre lino. 150 x 150 cm. 2024 Ale Casanova

Empecé a pensar en esto, cuando la optómetra (doctora de los ojos) me estaba dando una recomendación sobre aplicarme unas lágrimas artificiales, según ella eso ayudaría a que mi visión no empeora tan rápido, como lo viene haciendo. Pero, esto no fue lo que quedó resonando en mi cabeza, la frase fue "Es como la crema corporal, se termina y uno va a comprarla inmediatamente. Así debe hacer con las gotas". Estoy segura que ella siguió hablando, sin embargo, yo me quedé pensando en eso de la crema. Había acaso un mensaje oculto en sus palabras, no alcanzaba a entender del todo lo que ella me acababa de decir. Pensé en la crema que tengo en el baño, la compré hace como dos años, y ahí esta, se usa esporádicamente y estoy segura que si se termina pueden pasar algunos meses, sin que yo compre. Incluso, terminaría recibiendo una regalada, antes de pensar que necesito otra crema para el cuerpo.


La doctora lo dijo con tal convencimiento, con la idea fija de que yo entendí la referencia, se notaba en su cara. Seguí reflexionando sobre el asunto. Será que soy una mujer atípica, o descuidada. Pensé en mi hija, cuando era bebé yo olvidaba perfumarla o aplicarle crema, a pesar de tener esos productos en casa. Entonces, el asunto empezaba por un hábito que no había adquirido. Aunque mamá siempre ha sido una mujer qué procura por oler rico y estar bien presentada, como decimos las señoras. A pesar de ello, no recuerdo que tuviera una crema corporal. Mientras escribo esto, recordé que sí le comprábamos una crema Ponds, a la abuela; ella tasaba mucho esa crema y nunca la prestaba ni la desperdiciaba. Era como un regalo, mamá calculaba cuándo se le había terminado la crema (pues la abuela, nunca pedía algo para ella) y se la compraba. Entonces, qué sucedía con las cremas para mamá y para nosotras.


Cuando estaba en el colegio, a veces usaba crema en las piernas, pero terminé usando aceite Jonhson, era más barato y además me dejaba las piernas brillantes, incluso si no me aplicaba en casa, alguna compañera llevaría y compartiría conmigo, tal vez por eso no se convirtió en un hábito, y mucho menos en una necesidad. Pensaba en las mujeres que conozco, y estoy segura que más de la mitad de ellas no las usan, y al igual que yo se sienten culpables, cuando se dan cuenta que no cuidan su piel como se "debe".


Sin embargo, las preguntas que seguían retumbando en mi cabeza eran un poco de ¿por qué? ¿Por qué mamá no nos inculcó ese "buen" hábito de la crema para la piel? ¿Por qué la crema no es un producto vital? ¿Por qué me parece innecesarias las mil y una crema que salen al mercado? ¿Por qué no me cuido lo suficiente? Y fue aquí cuando mi cerebro hizo, "detente pendeja", hemos leído a Foucault, intentamos con San Agustín y empezamos a escribir sobre el cuidado de sí, esa idea griega de cuidarse, cultivarse e incluso vigilarse para poder ser.


En palabras de Foucault: Una de las características más importantes de este cuidado implicaba tomar notas sobre sí mismo que debían ser releídas, escribir tratados o cartas a los amigos para ayudarles, y llevar cuadernos con el fin de reactivar para sí mismo las verdades que uno necesitaba (Foucault, 2008, p. 62).

No obstante, esa escritura, ese proyecto lo tiré. No fui capaz, me rompía por dentro la idea sola del cuidado, pensarme era hacerme cargo de muchas cosas. Así que morí, o mejor, me descuide y no seguí.


Ahora, que la crema y el cuidado me llevan de nuevo a las palabras de Foucault, entiendo porqué no pude escribir sobre el cuidado de sí o por qué no cuido de mí, aplicándome mil y un productos. No puedo cuidarme, si lucho por sobrevivir.


Mamá luchaba para que pudiéramos estudiar, comer, vivir.

La abuela luchaba por no ser una carga, un lastre y tirarse a la cama.

Yo luchó con mi mente, con mis miedos y traumas.

Es decir, el cuidado es un lujo que los que intentamos sobrevivir en este mundo caótico, desigual y capitalista no nos podemos dar.



Referencia:

Foucault, M. (2008). Tecnologías del yo y otros textos afines. (M. Allendesalazar, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós SAICF.

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