DIONISIO Y APOLO EN EL BARRIO
- María Osorio Gómez
- 24 abr
- 2 min de lectura

Lo dionisíaco y lo apolíneo se definen en la dialéctica entre la inclusión colectiva y la exclusión individual. Según González González (2020), lo dionisíaco acepta lo diverso y despliega la idea del "nosotros", en contraste con la individualidad apolínea que exige que "el otro debe parecerse a mí" y no negocia la exclusión (p. 35).
La estética de la autoconstrucción popular o arquitectura vernácula se dibuja en mis recuerdos de infancia. Nací y crecí en un barrio de Bogotá, donde las casas, construidas a retazos por necesidad más que por lógica estructural, le dan forma al espacio para sobrevivir. De esas casas, cuelgan cortinas de colores, algunos vidrios retumban con música popular y el ladrillo puede ser reemplazado por cartón o lata. En muchos momentos e imágenes este recuerdo se me dibuja dionisiaco.
No obstante es en un espacio claramente apolíneo que me regresan estas imágenes. En enero del 2025 el Museo de Arte del Tolima (MAT) presentó la exposición “Arquitecturas Adosadas / Integraciones Periféricas” de Mauricio Salcedo. Allí estaban, estructuras aisladas, tratando de ajustar a las exigencias apolíneas. Podrían ser las casas de mi barrio, pero estaban tan lejos la una de la otra, que perdían un poco su familiaridad. Además, carecían de color, sonido, olor, incluso inestabilidad. Era una interpretación, bellamente construida, tan bella que me dolía. Mi casa de la infancia jamás podría ser exhibida, a menos que la despojaran de aquello que la hacía mi casa.
Es ahí donde éste recuerdo se vuelve vital, ¿dónde viví? ¿cómo viví? ¿qué fue de mi infancia en esas calles? Es la infancia y su relación con la ciudadanía lo que me interesa conocer. Metodológicamente tendré que representar la casa dónde viven las infancias, pero cómo lo haré. Cómo podré representarla sin caer en adultocentrismos o estereotipos.



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