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LO INTERSECCIONAL EN MI VIDA

  • Foto del escritor: María Osorio Gómez
    María Osorio Gómez
  • 21 may
  • 3 min de lectura

Intenté escribir sobre algo que fuera más allá de mi esfera personal, pero no me fue posible, entre más leía, más pensaba en mi propia vida y mientras escribía sentía que robaba las palabras de alguien y entonces me atoraba, así que borraba, esperaba unos días y volvía a empezar. Ahora, con el tiempo de entrega a punto de terminarse, y con varios documentos iniciados he tomado la decisión de escribir sobre mí, recordando la premisa feminista «lo personal es político». 


Buscaré explicar lo que representa en este momento para mí ser mujer, madre cabeza de hogar, docente y estudiante de un doctorado en un sistema que sigue diseñado para sujetos masculinos sin responsabilidades de cuidado. Frecuentemente se asume que estas condiciones responder únicamente a decisiones individuales; sin embargo, un análisis interseccional permite observar que existen estructuras sociales que distribuyen de forma desigual las cargas del cuidado, el trabajo y la formación académica. 


Ser mujer es quizá la única condición que no elegí, pero que determina profundamente mi experiencia cotidiana. La desigualdad de género no se expresa únicamente en la distribución del cuidado, sino también en la exposición permanente a distintas formas de violencia.   


De acuerdo con datos de la Defensoría del Pueblo, basados en registros de la Fiscalía, entre el 1 de enero y el 28 de febrero de 2026 se reportaron 3.479 casos de violencia intrafamiliar contra mujeres, 2.184 delitos sexuales, 21 casos de trata de personas y al menos tres feminicidios consumados, además de 60 intentos.


Además del miedo, cargo con la responsabilidad del cuidado. Maternar es una labor que no da descanso, que te exige estar pendiente de todo: la comida, la ropa, las tareas, las actividades extracurriculares, el sueño, la salud, los dolores, los miedos, el aprendizaje, los gustos, los enojos, la contención, el acompañamiento, la explicación del mundo, el ruido. Cuando a mamá se queda en silencio, debe explicar ese silencio, cuándo a mamá se le olvida algo, el mundo colapsa y entonces andas en modo supervivencia. Maternar es un traje que no te quitas, es una decisión que tomaste, donde esperabas no estar sola, pero lo estás y te sostienes y la sostienes. 


Al ser la jefa de hogar debo resolverlo todo, debó prever antes de que las cosas sucedan, revisar que no se acabe o que no se dañe. Antes de irte a dormir revisas qué será del día siguiente y lo que necesita la casa para funcionar, qué será el desayuno, las onces, el almuerzo, la comida. Acaso el papel higiénico está por terminarse. Cuándo llega el recibo, pagar la ruta, comprar los zapatos, se le dañaron las gafas, se acabó… 


Para poder cumplir con estas obligaciones económicas, debo trabajar, antes de maternar decidí ser docente. Un trabajo exigente en muchos aspectos. En mi caso, inició la jornada muy temprano, todas las preocupaciones, necesidades y demás cuestiones de la casa deben quedar en la puerta del salón, para poder estar disponible, escuchar, enseñar, explicar, contener y guiar. Si me distraigo o me descuido, tal vez un estudiante tenga un accidente o realice algo que perjudique a alguien y la responsable soy yo. El ruido, el desgaste de la voz, la competencia intrínseca con el mundo digital hacen cada día más difícil la labor. 


Con la intención de continuar mi formación académica asumí el reto de hacer un doctorado, pero la universidad exige productividad como si no existiera la maternidad. Incluso la producción académica se encuentra atravesada por las tareas de cuidado: mientras escribía este análisis, debía simultáneamente preparar el almuerzo, esperar la llegada de la ruta escolar y atender las dinámicas domésticas cotidianas.


Si nos fijamos, el problema no es solo uno, sino la interacción entre género, clase, maternidad, trabajo y formación. No sólo soy “madre” ni solo “maestra” sino que debó serlo todo a la vez, y es ahí donde estoy en desigualdad de condiciones. No es lo mismo estar haciendo un doctorado con una red de apoyo económica o del cuidado que siendo madre cabeza de hogar que lo sostiene todo. 


Para superar esto, planteó los siguientes lineamientos: Universidades con enfoque de cuidado y políticas laborales para madres cabeza de hogar. Para el primer lineamiento un programa de becas con reconocimiento de maternidad serían muy pertinentes, además una flexibilidad académica real. Guarderías universitarias e Instituciones Educativas cercanas a la Universidad, si esto fuera una realidad, seguramente intentaría mi posgrado de manera presencial. 


Para las políticas laborales pensaría en protección económica, conciliación de horarios de trabajo, redistribución del trabajo de cuidado, desconexión laboral,  licencias y apoyos reales no solo en el momento de enfermedad sino para actividades escolares de hijes y otras actividades. 


Sé que lo que aquí narro es el diario vivir de muchas de mis compañeras, incluso en situación mucho más vulnerable, porque no es un tema de organización personal, sino de una forma sistemática en que las instituciones distribuyen de manera desigual el tiempo, el cuidado y las oportunidades. 

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